- verdaderamenteofic
- 13 mar 2025
- 4 min de lectura
Las crisis económicas internacionales, desde la Gran Depresión de 1929 hasta el preludio de recesión que enfrentamos en 2025, revelan un patrón de intervencionismo estatal y manipulación monetaria. Este artículo explora estos eventos, desde las políticas de Woodrow Wilson hasta la segunda administración de Donald Trump, con un enfoque en cómo las decisiones gubernamentales y de banca central han moldeado la economía global.

La Gran Depresión de 1929: Las Raíces del Desorden Monetario
La Gran Depresión tuvo sus primeros pasos bajo Woodrow Wilson, quien instauró la Reserva Federal y el impuesto progresivo —medidas que requirieron enmiendas constitucionales— junto con un aumento del gasto público.
Warren Harding y Calvin Coolidge intentaron revertir esta tendencia, pero Herbert Hoover y Franklin D. Roosevelt la intensificaron. Los acuerdos de Génova y Bruselas en los años 20 abandonaron el patrón oro por un sistema de reservas en dólares con tipo de cambio fijo, pero sin reclamar el oro, desatando una indisciplina monetaria.
El boom de los años 20 dio paso al crack de 1929. Roosevelt agravó la crisis con más gasto, deuda y regulaciones, llevando a 14 millones al desempleo antes de la Segunda Guerra Mundial. Harry Truman corrigió parcialmente estos excesos, reduciendo el gasto y eliminando controles de precios, apoyado por el comercio posguerra.
Hasta aquí es posible identificar que la crisis es consecuencia de inyectar dinero sin valor subyacente, este desorden monetario lleva al crecimiento de un gobierno todopoderoso, alejado de la herencia de los padres fundadores de Estados Unidos (gobierno limitado, propiedad privada, mercado abierto).
La Crisis Financiera Moderna: Un Legado de Intervencionismo
La crisis financiera reciente, desde 2008 hasta las tensiones actuales, refleja errores similares bajo cinco administraciones:
Bill Clinton (1993-2001): Su legado económico quedó marcado por la burbuja puntocom, cuyo colapso inició al final de su mandato. Aunque se le critica por derogar la Ley Glass-Steagall en 1999, fue la política de tasas bajas de la Reserva Federal la que alimentó la especulación bursátil.
George W. Bush (2001-2009): Elevó la deuda al 85.6% del PIB con recortes fiscales y gasto militar, mientras tasas bajas de la Reserva Federal y hipotecas subprime (respaldadas por Freddie Mac y Fannie Mae) inflaron una burbuja inmobiliaria. Los "bailouts" de 2008, una transferencia inmoral a corporaciones ineficientes, consolidaron la crisis.
Barack Obama (2009-2017): Heredó una economía en caída, aumentando el déficit al 9.8% del PIB y la deuda al 105%. Estímulos como el American Recovery and Reinvestment Act y el QE2 ($600,000 millones) distorsionaron precios, mientras Dodd-Frank añadió regulaciones.
Donald Trump (2017-2021): Impulsó el crecimiento con la Tax Cuts and Jobs Act de 2017, pero la deuda alcanzó el 129% del PIB, agravada por estímulos pandémicos.
Joe Biden (2021-2025): Con el American Rescue Plan ($1.9 billones) y la Inflation Reduction Act, la inflación llegó al 9.1% en 2022. La Reserva Federal subió tasas, y Biden revirtió desregulaciones de Trump.
Recesión Técnica de 2022
A inicios del 2022 la oficina de estadísticas laborales anunciaba una recesión técnica después de dos trimestres consecutivos con un retroceso del 1,6% en el PIB. La recuperación fue rápida, pues en ese momento se fortalecieron las sanciones económicas hacia Rusia que se tenían en 2014 por la tensión en Crimea, ampliándose en el marco de la Guerra Ruso-Ucraniana. Esto permitió un aumento en las exportaciones de gas natural licuado (GNL) a Europa, como se muestra en el gráfico.

Estrategia de Trump en 2025
Los analistas Lorenzo Ramírez y Alberto Mera han planteado una hipótesis audaz sobre las intenciones económicas de Donald Trump: inducir una recesión controlada con el propósito de debilitar el dólar y así aliviar las tensiones derivadas de una deuda pública que supera los $34 billones, según datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Ramírez ve una "guerra de divisas" que aliviaría la presión fiscal y potenciaría exportaciones, usando la inflación para diluir la deuda, aunque esto erosionaría el poder adquisitivo de hogares y pymes. Mera añade que fomentaría un giro de capitales de acciones a bonos soberanos, bajando tasas de interés y abaratando el endeudamiento. Ambos advierten que un dólar débil arriesga su estatus como moneda de reserva, mientras la inflación golpea a los más vulnerables, planteando un dilema entre beneficios fiscales y costos sociales.
Consecuencias de la especulación
La inestabilidad, afecta desproporcionadamente a pequeños inversores, quienes pierden frente a grandes actores que mantienen su estatus en la medida en que la deuda crece. La banca central, distorsiona los precios relativos, lo que conlleva una manipulación de la masa monetaria.
Liberar la moneda del control estatal, dejando a las personas elegir activos monetarios (oro, criptomonedas, etc.), es un proceso complejo y con fuertes consecuencias a nivel social. De lo contrario la recesión económica buscará acomodar naturalmente la economía después de los momentos de éxtasis keynesianos de deuda que simulan crecimientos artificiales en la economía.
El endeudamiento estructural en el que se encuentra Estados Unidos, y el planeta, desencadenará en una confiscación de los que no tienen ingresos y perjudicará a aquellos que por ignorancia o ingenuidad no tomen acciones preventivas que disminuyan el golpe.
Conclusión
La historia económica del último siglo revela que cada crisis no es solo el resultado de errores técnicos, sino el juicio natural sobre un sistema construido sobre el engaño. La expansión de dinero sin respaldo, la deuda perpetua y el intervencionismo estatal son intentos humanos de simular prosperidad sin obedecer los límites morales y creacionales establecidos por Dios.
Un sistema basado en inflación y crédito fácil transfiere riqueza de forma injusta, castiga el ahorro, destruye la responsabilidad individual y fortalece estructuras centralizadas que actúan como dioses modernos. Pero toda estructura erigida sobre mentira y robo está condenada a colapsar.
La solución no es más intervención, sino el arrepentimiento social: restaurar una economía de leyes justas, moneda honesta y autoridad limitada. Una economía moral exige que el peso del dinero no sea manipulado, que los contratos sean respetados y que cada persona rinda cuentas directamente ante Dios como administrador de los bienes recibidos.
Mientras se niegue este orden, las recesiones seguirán funcionando como recordatorios providenciales de que no se puede violar la ley moral de Dios sin consecuencias. La verdadera reforma no será técnica, sino espiritual y ética, comenzando por reconocer que la libertad económica es inseparable de la verdad.
Aquí hemos diseñado un glosario para que te familiarices con algunos conceptos expuestos en este artículo.



